La inflamación es una respuesta biológica que involucra una serie de vías de señalización a nivel celular, diseñadas para proteger al cuerpo de daños.

En otras palabras, cuando el cuerpo está expuesto a ciertos factores desencadenantes, reacciona enviando señales para eliminar cualquier sustancia dañina y curar los tejidos dañados

Pero si bien la inflamación puede protegernos de sustancias nocivas e invasores externos, también puede causar daño por sí misma. Esto es lo que toda persona preocupada por su salud necesita saber.

Hay dos tipos de inflamación: aguda y crónica. Puede sonar extraño, pero hay algunos casos en los que la inflamación es positiva en lugar de negativa.

¿Qué es la inflamación aguda?

La inflamación aguda es realmente algo bueno, ya que es uno de los primeros mecanismos de defensa que nuestro cuerpo usa para defendernos de, una picadura de abeja o un corte, por ejemplo.

Los síntomas de la inflamación aguda pueden incluir hinchazón, enrojecimiento y dolor. Tener apendicitis también es un ejemplo de inflamación aguda.

Este tipo de inflamación generalmente dura solo unas pocas horas o días y generalmente se localiza en una región específica del cuerpo.

¿Qué es la inflamación crónica?

A diferencia de la inflamación aguda, la inflamación crónica es anormal y no beneficia al cuerpo. Esta es una inflamación que no desaparece después de un corto período de tiempo. Es posible que ya sepas que la inflamación crónica está asociada con enfermedades autoinmunes, pero afecciones como el asma, la sinusitis y las úlceras crónicas también son ejemplos de problemas de salud derivados de la inflamación crónica. La inflamación crónica significa que el sistema inmunológico está trabajando horas extras y puede que no sepa cuándo detenerse.

La inflamación crónica puede eventualmente conducir a un ataque para los tejidos y órganos sanos, que a su vez puede conducir a enfermedades como artritis reumatoide, cáncer, enfermedades cardíacas, enfermedad de Crohn y diabetes.

La Inflamación y la conexión con la dieta

La nutrición es una de las herramientas más fuertes que tenemos para combatir la inflamación, pero también puede ser una de las principales causas de inflamación, dependiendo de tu dieta.

Algunos alimentos pueden ser proinflamatorios, como los carbohidratos refinados, el alcohol, el azúcar, las grasas saturadas y trans y otros alimentos procesados.

Estos alimentos hacen que produzcamos mayores cantidades de oxidantes o moléculas reactivas que se producen dentro de nuestro cuerpo como parte normal de nuestro metabolismo. Estas moléculas también provocan inflamación. Normalmente, el cuerpo podría manejar la cantidad de oxidantes y neutralizarlos. Pero cuando comemos en exceso ciertos alimentos, nuestro cuerpo no tiene suficientes recursos para apagar la carga oxidativa. Cuando eso sucede, los oxidantes hacen que nuestro cuerpo se proteja con una respuesta inflamatoria.

Afortunadamente, hay muchos alimentos que podemos comer para ayudar a prevenir la inflamación. La naturaleza nos ha proporcionado muchos alimentos con increíbles capacidades antioxidantes. Estos alimentos también contienen vitaminas y minerales esenciales  que estimulan nuestro sistema inmunológico y nos ayudan a controlar el proceso inflamatorio. Se sabe que las verduras de hojas, los pescados grasos, las nueces, el aceite de oliva y las frutas como las bayas son antiinflamatorios, las frutas y verduras de colores brillantes, el aguacate, las nueces y semillas, frijoles y legumbres (si se toleran bien) son alimentos antiinflamatorios.

La salud intestinal también puede desempeñar un papel en la prevención de la inflamación crónica. La causa de la inflamación crónica puede ser diferente para todos, pero optimizar la salud intestinal es un paso fundamental para la curación.

Sabemos que el intestino y el sistema inmunológico están conectados, aunque aún se están investigando los detalles. Aun así, cuanto más óptima sea tu digestión, mejor podrás absorber macronutrientes clave  y eliminar toxinas, lo que significa que tu sistema inmunológico estará mucho mejor equipado para activar el “interruptor de apagado” de un proceso inflamatorio. Esto significa adoptar una dieta que no atasque ni estrese el sistema digestivo de la forma en que es probable que lo haga una dieta alta en azúcar, alta en grasas y altamente procesada.

La conexión de la inflamación y el ejercicio

Cuando hacemos ejercicio, podemos crear una inflamación aguda en nuestro tejido muscular, especialmente después de un entrenamiento realmente duro. Cuando las fibras musculares se ‘rompen’, el cuerpo intentará repararlo aumentando la circulación en el área, Se desvía más sangre a esa área, lo que significa que se entregarán más nutrientes necesarios para el crecimiento y la reparación a esa área particular del cuerpo. Esto da como resultado la reparación y el crecimiento muscular.

Tus hábitos de ejercicio probablemente te ayuden a minimizar la inflamación crónica. En general, el ejercicio cardiovascular regular reduce la inflamación. La única excepción es si estás entrenando en exceso lo que significa que tus músculos no tienen suficiente tiempo para recuperarse entre los entrenamientos, lo que resultará en un estado de inflamación constante.

Formas de minimizar la inflamación crónica

Los síntomas de la inflamación crónica pueden variar de persona a persona, Pueden incluir fatiga, complicaciones gastrointestinales (estreñimiento, hinchazón o diarrea), aumento de peso y / o dolor en las articulaciones. Si notas una inflamación constante debes hablar con tu médico. Aun así, hay algunos pasos para combatir la inflamación crónica a través del estilo de vida.

Reducir los alimentos inflamatorios

Hay que reducir la comida rápida y la comida chatarra para minimizar la inflamación. También es importante dejar de comer alimentos a los que sabes que eres sensible. Cada vez que comes algo que no te sienta bien, desencadenarás la respuesta inflamatoria, evita o reduce el consumo de alcohol.

2. Deja que tus músculos se recuperen

Descansa uno o dos días a la semana, si no estarás enviando constantemente a tu cuerpo al estado inflamatorio a través del ejercicio.

3. Reduce el estrés

Cuando estamos constantemente estresados, estamos en modo de huir o luchar, y si se mantiene a largo plazo, conduce a la inflamación. Puedes practicar actividades como la meditación, la respiración y la relajación.

Guardar